A cuatro, a tres, a dos, a un paso, el corazón golpeteaba el pecho, que para aquel momento era el símil de una delgada caja de cartón. Las manos le sudaban, el estomago se revolvía y el cerebro no funcionaba. A cinco cm, a tres cm, la puerta se abrió y la respiración se entrecortaba, la sangre pinto su rostro y sus ojos tenían un brillo intenso.
A cuatro, a tres, a dos, a un paso, el corazón latía, bombardeando sangre al cuerpo, en aquel momento era el símil de un reloj de metal. Las manos en sus costados, el estomago se encontraba tranquilo, después de haber sido satisfecho y su cerebro trabaja a toda máquina, eran tantas las cosas en las que tenía que pensar, tantas cosas que planificar. A cinco cm, a tres cm, la puerta se abrió y un suspiro de tranquilidad surgió desde su interior en aquel momento. Un bronceado envidiable, la cubría y sus ojos albergaban mucha paz.
Increíble pero cierto, los cambios en la vida, estos vuelcos que de pronto nos hacen bajar de aquella nube en la que a veces hemos vivido durante mucho tiempo. Es todo un cataclismos para la vida, como dice el refrán todo lo que sube tiene que bajar, quizás el caballero de la manzana tenga razón, pero en realidad eso a mi no me incumbe, solo sé que cuando los momentos de la vida no son los que están prescritos para nosotros, en algún momento encuentran su punto final. Y el amor no es la excepción, quizás sea por eso que el ser humano lo categorizo, diciendo que el amar es diferente a enamorarse y según mi propia experiencia, esto es real, Yo me enamore y el encanto llegó a su fin, después de sobreponerme a la impresión que esto me ha causado, he pensado en como un estado te hace sentir de una forma y de pronto todo cambia, es decir los hechos no cambian, sino es la forma en que se ven las cosas, las que nos hacen sentir de determinada forma… tal vez si todos los días me levantara de buen ánimo e intentara sonreír a la vida, mi día y las circunstancias serían mas llevaderas
